|
“El futuro de la sociedad reside en sus recursos humanos y el futuro de los recursos humanos reside en la educación”. Resulta para mí un compromiso muy bello, escribir estas líneas, en mi condición de maestra, en un día tan significativo, el “Día del Maestro”. Saludo, a todos los maestros, porque habéis elegido entre todas las profesiones una de las más nobles y abnegadas. Una profesión, que no siempre es reconocida por la estimación de los hombres, ni remunerada en la debida forma. Una profesión, que significa una verdadero apostolado, un renunciamiento a muchas comodidades y goces temporales. Una profesión, desde la cual tal vez, no descollareis en el mundo de la fama, sino quizás os mantendrá ignorados, modestos en vuestro círculo. Pero eso sí, una profesión sublime, que os proporcionará innúmeras satisfacciones íntimas. La de guiar la mente y la mano de los tiernos niños confiados a vuestro cargo; la de abrir sus inteligencias vírgenes a la vida de la ciencia y de la cultura; y, la de infundir en sus sensibles corazones, un hálito de vida superior.
Realmente el trabajo del maestro, es muchas veces ardua y difícil, pero es además alegría, encanto y, por lo mismo gratitud; esa enseñanza de dar sin preocuparnos por lo que se ha de recibir, es la que no deben borrar de vuestra memoria. Es la capacidad de ser realmente agradecidos, lo que lo sostiene a uno, en los peores embates de la vida. Queridos maestros, la vocación que os ha impelido a elegir esta noblísima tarea, os sostendrá en los momentos difíciles que probablemente tendrán que afrontar. Vuestra vocación os hará perfeccionarse, cada día, aumentar vuestros conocimientos y poner más esmero y prolijidad en vuestra labor. Hará que vuestros conocimientos se tornen claros, claros como la luz meridiana, y que estas sean accesibles a la inteligencia en pleno desarrollo de los niños del mundo. Un escultor, al terminar su trabajo, retrocede unos pasos, echa hacia atrás la cabeza y contempla con satisfacción la obra en su belleza, grandiosa, pero estática, fría. Un maestro, tras una vida consagrada a la formación de nuevos y mejores ciudadanos, recibe una satisfacción indeciblemente mayor al contemplar una escultura que siente, que piensa, que habla, que actúa. Un vivo testigo del resultado de su esfuerzo. Mientras que la educación básica haya logrado cimientos consistentes, podremos tener confianza en la acción de nuestros ciudadanos en el futuro, y mientras la educación se inspire en las necesidades y objetivos nacionales, cada día podremos abrigar esperanzas en que tendremos hombres con capacidad para crear y producir, para articularse en la sociedad como una fuerza impulsora que lleve adelante ideales de progreso. En esa perspectiva, de su enseñanza son aconsejables más que nunca la paciencia y el amor a la profesión y a los niños. Quiero, con estas letras, desearles que continúen Superándose, siendo constantes y curiosos, de cuanto puede haber de sano y de bueno en la vida. ¡Feliz Día del Maestro! Por : Rosa Florián, Congresista de la República |