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En las últimas Elecciones Generales el Partido Aprista Peruano (PAP), que gobierna el país actualmente, ha sido vapuleado por la fiebre 'humalista' casi en todas las regiones de nuestro querido y marginado Perú Profundo. Cómo no recordar su rotunda derrota comicial en Cuzco, Puno, Loreto, Ucayali, Huánuco, Arequipa, Cajamarca, incluso en su mismo bastión del norte. ¡Vaya! ¡Qué tal humillación para el partido de los estrellados, o perdón, de la estrella!
Quienes creyeron que esta apabullante situación ha sido olvidada por los seguidores de Víctor Raúl Haya de la Torre se equivocaron de cabo a rabo. Especialmente porque su actual líder, Alan García, tiene como rasgo peculiar una enfermiza obsesión de venganza. Nunca olvidaría una humillación de esa magnitud. Por eso, apenas instalado en Palacio de Gobierno, iba poco a poco identificando a sus supuestos enemigos. Y no ha tardado en encontrarlos. Ya posteriormente no se le ha ocurrido mejor idea que la de calificar a quienes se oponen o critican su mandato como enemigos del pueblo, como terroristas o como meros retrógrados. No es capaz de advertir que el enemigo que busca cegado por la vehemencia está en su interior. Está en él mismo. ¡Curiosidades del perfecto líder aprista! Obsesionado en atacar a quien le dice o recuerda que piense un poco más en el Perú Profundo o en los más marginados emite una serie de decretos supremos que ya parecen los billetes impuestos a rajatabla en su primer gobierno porque al poco tiempo, en mayor de los casos, pierde valor. Él no evalúa las ventajas y desventajas de una determinada Resolución, sino que identifica dentro de la gran masa social peruana a su supuesto enemigo, y ataca como un toro herido en la Plaza de Acho. Cómo se evidencia que estando ad portas de la vejez no puede con su genio. La impulsividad le domina. Lo peor es que está conduciendo al país hacia una abierta y escandalosa confrontación entre la gran Lima y las regiones del Perú profundo. ¡Y quiere que la prensa destaque en sus titulares tan polémica actitud! ¡No faltaría más! Resulta evidente que el blanco que ha elegido el actual régimen son las regiones. Aquellas 'desestabilizadoras' provincias o 'retrógrados' sectores sociales que no le han dado su voto en las elecciones del 2006. Por eso es que cada emotivo ataque tiene nombre propio (mal haría incluir en tan respetable grupo a Puno por las sandeces de su propio Mandatario regional, Renán Fuentes). Allí están los campesinos que se opusieron al acuerdo de libre mercado con los Estados Unidos. Ya lo están pagando caro con el incremento en el precio de los fertilizantes, el remate de sus tierras y la privatización del agua. También la región Cuzco con la Ley 'Antipatrimonio'. Luego Loreto, Ucayali, San Martín, Huánuco y Madre de Dios con la famosa Ley de la Selva. Otra vez se ensaña con las provincias con el Decreto Supremo Nº 011, conocida ahora como la Ley de Puertos, y que afecta los principios de territorialidad y soberanía del país e incentiva el 'hipercentralismo'. Y, así, un largo etc. No hay que ser tan agudos analistas para darnos cuenta que se tiene en el Ejecutivo a una agrupación política que se dedica a provocar enfrentamientos entre peruanos. La belicosidad aprista no tiene límites. Lo más penoso es que esta actitud desestabilizadora deviene del mismo régimen aprista, de mismo Gobierno. Sin embargo, pretenden vendernos la idea de que la corriente 'incivilizada' proviene de las provincias o de sectores golpeados por la pobreza y marginación. ¡Ridícula tesis! Aunque haya millones de peruanos que tal vez lo crean dada la intensa campaña mediática. ¡Lamentable, pero cierto! |